FRAGMENTO

Debajo del parral familiar, que se extiende a la puerta de la finca denominada Alquería Roja, el perro adormilado y las gallinas picoteando y escarbando, el jovencito Joan Colom entrega a su preceptor Pedro Adoler, quien había sido confesor de su padre el Príncipe de Viana, la redacción que le había dicho que hiciera. Mientras el preceptor examina la composición el joven discípulo contempla  con ojos ilusionados el santuario de San Salvador, sito allá en la colina. Muchas veces ha subido para contemplar el pintoresco panorama que se divisa desde allí arriba: una llanura con tierras de cultivo y pequeños bosques de pinos y encinas, rebaños de ovejas paciendo tranquilamente por los campos de tierras rojizas, que contrastan con el azul del mar y las viviendas de la villa de Felanitx.

              

Y le viene a la cabeza la bronca que el otro día recibió por la imprudencia de haberse metido nadando con otros amigos por las cuevas que hay en Porto Colom. Joan Colom tiene fama de buen nadador.

-Aún has de mejorar la caligrafía, aunque veo  que ya dominas perfectamente el castellano. Es la lengua de los reyes y por eso  tienes que hablarla y escribirla cabalmente –comenta mosén Adoler, de mirada afable y cabello algo canoso- Además con el castellano te entenderás en todos los reinos de España. Y con el latín que te está enseñando el librero Gabriel Altadell podrás leer los clásicos. Hemos de hacer de ti una persona culta y distinguida, como corresponde a un miembro de la Casa real de Trastamara. Porque tú no eres igual que los demás chicos, eres de estirpe real y tu educación será tu distintivo. ¿Sabías que tu padre era muy versado en letras y en las disciplinas humanísticas? Tu padre tradujo las Éticas de Aristóteles.

  Joan, que es espigado y vivaracho y que aún no ha cumplido los diez años, dirige la vista con ojos como imantados  al no muy lejano castillo de Santueri, cuya silueta  destaca por encima del cerro más alto de la contornada.

                                                                                                             

-Habladme de mi padre.

-Tu padre, el Príncipe de Viana, estuvo en ese castillo que ves. Allí conoció a tu madre. Tu padre llegó a Mallorca en el mes de agosto de 1459. Vino de tierras sicilianas con siete galeras y acompañado de notables varones y caballeros. Yo, como su confesor que era, siempre iba con él. Dos años antes se había dirigido a Nápoles para visitar a su tío  el rey, Alfonso el Magnánimo, buscando ayuda y consuelo frente a los problemas que tenía con su padre en Navarra.

- Pero si mi padre era el rey de Navarra ¿qué problemas podría tener?

- D. Carlos, tu padre, no era todavía rey, era  Príncipe de Viana, o sea el heredero al trono de Navarra. Precisamente conservo una copia de su nombramiento como Príncipe de Viana, que un día te donaré. Este título fue instituido por el rey de Navarra Carlos III el Noble para su nieto Carlos, tu padre, nacido del matrimonio entre su hija Blanca y el infante Juan de Aragón. Tu padre recibió una exquisita educación. Aprendió a hablar francés, catalán e italiano. Se acostumbró a llevar una vida de lujo. Cuando murió Carlos III el Noble fueron proclamados reyes de Navarra tus abuelos Doña Blanca y su esposo D. Juan. Antes de morir tu abuela Dª Blanca dejó testado.

- ¿Qué quiere decir testado?

- Que en el testamento dijo que, en atención a su esposo D. Juan, tu abuelo, que era rey consorte, tu padre no debía ser nombrado rey de Navarra mientras que él viviera. El rey D. Juan, marchó a Castilla por estar interesado por los problemas sucesorios que allí había, y dejó el gobierno de Navarra con el título de Gobernador General a tu padre.

- Explicadme eso de Gobernador general.

- Pues que el Gobernador general gobierna en ausencia del rey.

- ¿Y qué diferencia hay con virrey?

- Pues que el virrey gobierna con autoridad de rey, es el alter ego del rey. También se le llama lloctinent. Existen en reinos extensos como el nuestro. Hay virreyes en Sicilia, Córcega, aquí en Mallorca, Cataluña, Aragón, Cerdeña. Los virreyes constituyen un elemento de continuidad y coherencia que dota a los dominios de autonomía y singularidad. Suelen ser miembros de la familia real y solo actúan cuando el rey se encuentra fuera del reino.

- Entonces yo puedo ser virrey, ¿no?

- Por ser de la familia real sí que podrías serlo, pero con este rey que tenemos no lo sé. Y eso que es tu abuelo.

- Contadme lo que pasó con mi padre.

- Mientras tu abuelo D. Juan seguia ocupado en la guerra castellana la gobernación de Navarra la ejerció tu padre sin ninguna intromisión. Pero la situación cambió cuando terminó la guerra con la completa derrota de tu abuelo que regresó a Navarra. Y sobre todo tras la boda de tu abuelo con Dª Juana Enríquez con la que tuvo un hijo que bautizaron  con el nombre de Fernando. Y ahora la sucesión del reino le corresponde a ese infante.

- O sea, Dª Juana Enríquez era madrastra de mi padre y Don Fernando es tío mío.

- Perfecto, veo que eres inteligente. A lo que íbamos, los problemas surgen cuando D. Juan, tu abuelo, necesitó recurrir a las Cortes navarras en busca de financiación para sus campañas castellanas. En las Cortes causa enorme malestar. Además los procuradores en esas Cortes consideran sin efecto cualquier prerrogativa que tu abuelo pudiera detentar en Navarra en virtud del testamento de Dª Blanca al haberse casado de nuevo.  Se originó un gran tumulto en el pueblo navarro.

- A mi padre no le sentaría nada bien.

- Claro. Y en Navarra surgieron dos bandos, los beaumonteses, partidarios de tu padre, el Príncipe de Viana, y los agramonteses, incondicionales de D. Juan, tu abuelo.  Y llegó un momento  en que los beamonteses  advirtieron a tu padre que había llegado el momento de que tenía que defender sus derechos y que estaban dispuestos a tomar las armas si fuera necesario. Y surgió la guerra. Entonces tu abuelo se presentó en Navarra  con un poderoso ejército y en la batalla de Aybar los beaumenteses fueron derrotados cayendo prisionero tu padre. Recobró la libertad, aunque perdió para siempre el trono de Navarra, pues D. Juan proclamó rey de Navarra a Gastón de Foix, que estaba casado con tu tía la Infanta Leonor.

- ¿Y que hizo mi padre?

- Se refugió en Nápoles donde residía el rey de la Corona de Aragón Alfonso V el Magnánimo y le pidió que intercediera para que  tu abuelo le perdonara y le restituyera sus derechos. Como Don Alfonso no tenía hijos legítimos, cuando muriera  la sucesión le correspondería a tu abuelo D. Juan, por lo que declaró  a tu padre príncipe heredero de los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia y del principado de Cataluña. Pero el reino de Nápoles lo reservó a su hijo natural Don Fernando.

- El rey Alfonso V el Magnánimo era hermano de mi abuelo, ¿no?

- Y tío de tu padre. Al morir el rey Alfonso el Magnífico tu abuelo es proclamado rey de la Corona de Aragón con el título de Juan II. Y Nápoles pasó a manos de Fernando, hijo bastardo de D. Alfonso.

-¿Bastardo como yo?

-Exactamente. Lo que te quería decir es que tu padre podía haber sido nombrado  rey de Nápoles, ya que tenía muchos partidarios y más derechos legítimos, pero renunció para evitar mayores males con este problema sucesorio. Tu padre lo que deseaba era hacer las paces con tu abuelo y recuperar sus derechos, ahora que ya era el príncipe heredero de la Corona de Aragón. Tu padre era muy querido en todas partes, los catalanes, los navarros, los sicilianos… Se dirigió a Sicilia, donde también tenía muchos adeptos. El Parlamento siciliano acordó requerir  al rey D. Juan II que, en calidad de ser “primogénito”, o sea heredero de la Corona de Aragón, nombrara a tu padre virrey y gobernador general del reino de Sicilia. Pero el rey D. Juan II no solo no lo aceptó, sino que ordenó a su hijo que regresara. Tu padre obedeció y embarcó en Palermo rumbo a Mallorca donde llegó el 20 de agosto de 1459. Vinimos aquí a Mallorca, pues tu abuelo no quería que tu padre entrasemos en Cataluña sin antes haber concluido un tratado con él. Tu padre hizo caso al rey, ya que lo que más ansiaba en esos momentos era terminar con la hostilidad que había con su padre. Y llegó a nuestra isla con buena salud, siendo recibido con mucha honra, gloria y expectación, dispuesto a esperar lo que su padre le mandase hacer. Las autoridades de aquí lo acogieron con obsequios y una buena recepción. Hicieron un puente de madera enramado de murta en la orilla del mar en honor a su llegada. Todo el mundo le queríamos. Es que tu padre se hacía de querer. Pero tu padre tuvo problemas con el alojamiento. Públicamente ordenó el rey Juan II que se le entregasen todos los castillos, pero secretamente escribió al lloctinent de Mallorca diciéndole que estaba muy contento por el recibimiento hecho al príncipe, pero que no franquease los castillos más fuertes, en los cuales le había de retener si entraba. Entre las fortalezas excepcionadas se contaba Bellver donde se colocaron guardias para vigilar la entrada. Tu padre se hospedó en el castillo de Santueri, que es aquel que vemos.

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