CONFERENCIA: "COLÓN Y SUS ENIGMAS".

March 1, 2017

 

Conferencia en Cartagena

 

COLÓN Y SUS ENIGMAS

 

 

He elaborado este libro COLÓN Y SUS ENIGMAS siguiendo el patrón que ya utilicé para escribir Y SIN EMBARGO ES REDONDA. Magallanes y la primera vuelta al mundo con la idea de potenciar este nuevo método narrativo.

 

Con el material que he recopilado podría elaborar un tratado histórico, uno más, o un ensayo que puede servir de estudio y análisis a minorías selectas, pero me alejaría del gran público por no ser atrayente. Al gran público se llega con una exposición novelada. Pero no con una novela histórica donde se inventan personajes que se mezclan con figuras históricas. Cuando se trata de personajes y hechos históricos no le cuadra lo de la novela histórica, porque ha de primar el rigor histórico. Cuando se trabaja sobre personajes que existieron al lector le gusta saber lo que realmente pasó y no lo que al narrador le hubiese gustado que pasase. ¿Es compatible el rigor científico que exige el trabajo del historiador con un relato comprensible, cómodo y atractivo? ¿Puede haber una expresión novelada en la forma con rigor histórico en el fondo?

 

Para evitar el carácter netamente erudito e interesar a un público heterogéneo he acogido una fórmula que contempla, por un lado, el desarrollo científico y empático del conocimiento histórico tras seleccionar, organizar y comparar datos procedentes de fuentes de información diversa y, por otro, utilizo las estrategias de la ficción para aplicarlas a una tensión narrativa. He hecho una narración de la vida, que admite pormenores, incidentes y circunstancias menores que desecha la Historia. Los datos históricos son la materia, pero la perspicacia psicológica es la forma creadora del ambiente histórico, el clima de la época. He puesto en el relato una precisa justeza histórica, sin que se observe la documentación que hay debajo. He querido hacer una obra estética, un relato ameno, no un artificio de erudito.

 

He utilizado el diálogo para conformar el ambiente y el clima de la época. Con los diálogos lo que he hecho es trasferir a forma conversacional el mismo hecho histórico. Con los diálogos no he pretendido fabular sino colorear la pasión y dar corporeidad al anhelo del instante. Los que han leído el libro de Magallanes pueden certificar lo que digo de hacer compatible el rigor científico que exige el trabajo del historiador con un relato comprensible, cómodo y atractivo. Una expresión novelada en la forma con rigor histórico en el fondo. En vez de explicar lo que ocurrió he recurrido a los mismos protagonistas para que sean ellos quienes nos lo cuenten al rehacerles sus vidas. Los personajes vuelven a vivir y sentir en tiempo presente, con sus grandezas y debilidades, con sus pasiones y sus virtudes, con sus intrigas y enredos, con sus aciertos y fallos, como todos los mortales.

 

Para elaborar este libro sobre Colón no he tenido las facilidades que tuve con el de Magallanes. Los diarios de Pigafetta, de Francisco Albo y de Ginés Mafra hicieron posible la reconstrucción del viaje alrededor del mundo con gran precisión. Para relatar el viaje del descubrimiento de América he contado con el Diario de a bordo que escribió Colón en su primer viaje. Aunque está demostrada la autenticidad de este diario, la ruta que detalla Colón, como demostraré más adelante, no concuerda con la que en realidad llevó. Colón falseó la verdadera ruta que llevó en su primer viaje.

 

La abundante documentación que he manejado me ha permitido determinar episodios de la vida de Colón que hasta ahora son un enigma o que muchos dan por resueltos: dónde nació y cómo ideó su proyecto.

 

La primera gran celebración del descubrimiento de América se hace en el cuarto centenario, 1892, donde Colón se presenta como el explorador audaz. La celebración del IV Centenario se vio como una oportunidad clave para sacar a España del ostracismo internacional en la que se encontraba. También se suma EE.UU., que utiliza la resonancia mundial que tiene esta efeméride para presentarse al mundo como potencia emergente y se centra solo en homenajear a Colón para dar satisfacción a su masiva inmigración de italianos. La jovencísima nación italiana aprovecha la ocasión para explicar al mundo que Italia tuvo un papel importante en el descubrimiento de América, pues un italiano, Américo Vespucio, dio nombre al Nuevo Mundo y otro, Cristóforo Colombo, fue su descubridor. Y publica documentos como la Reccolta Colombiana para demostrar que Colón era natural de Génova. Y pronto tiene su efecto, pues, en vez de Iberoamérica, se generaliza la denominación de América latina a lo que antes era parte del imperio español. Las jóvenes repúblicas hispanoamericanas aprovechan la ocasión para darse a conocer al mundo.

 

Hasta ahora la figura de Cristóbal Colón ha sido tratada con pasión, desde su mitificación hasta considerarlo el símbolo del “perverso” colonialismo español. Esta pasión hace que no se le estudie adecuadamente, con serenidad. A este problema se le añade al historiador otro más grave, que es tener que ir analizando uno por uno los documentos que los interesados y partidistas aportan para defender sus tesis. Además la mayor parte de los textos colombinos han llegado a nosotros desfigurados por trascripciones de poca fidelidad, por impresiones poco escrupulosas y por tendenciosas traducciones.

 

Colón nunca dijo de donde era. Su hijo Hernando, que fue su primer biógrafo, no indica dónde nació su padre, ni siquiera el año exacto de su nacimiento. Fray Bartolomé de las Casas, que le tenía gran admiración, tampoco hace referencia a sus orígenes. ¿Acaso tenía algo que esconder? ¿Su origen judío? Tener antecedentes judíos, aunque fuera de manera colateral, era muy peligroso, pues Colón hubo de moverse en una Corte de obispos e inquisidores y entre magnates que hacían ostentación de la pureza de su sangre. El Santo Oficio llevaba a la hoguera a gente muy influyente y poderosa. Teniendo para elegir otras Cortes donde proponer su proyecto de viaje no es lógico que Colón, si hubiese tenido ascendencia judía, se metiera en terreno sumamente comprometido como era la Corte castellana.

 

Ahora bien, cuando un hombre es un mito, como lo era y es Colón, son muchos los lugares que se disputan la honra de ser su cuna. Han surgido diversas teorías que lo hacen natural de Génova, Milán, Córcega, Galicia, Portugal, Castilla, Extremadura, Cataluña, Mallorca, Ibiza, Grecia, Inglaterra e incluso Noruega. Sin embargo, la documentación más contundente es la Reccolta Colombina que se presentó con ocasión del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América y que demuestra que Colón era de Génova. Se basa en que Colón, tanto en Lisboa, como en Sevilla y Córdoba siempre tenía tratos con genoveses. Claro que muchos de ellos eran banqueros o armadores. Aduce que en una ocasión el mismo Colón al presentarse como testigo en un juicio que se celebró en Génova el 25 de agosto de 1479 declaró ser ciudadano genovés. Pero el hecho que uno sea ciudadano no quiere decir que haya nacido allí. También se basa en el documento de la fundación del mayorazgo de Colón, otorgado el 22 de febrero de 1498, donde Colón manifiesta haber nacido en Génova. Pero en ese documento figura la súplica que demuestra claramente su falsedad. Dice: “Y asimismo lo suplico al Rey y a la Reina nuestros señores y al Príncipe D. Juan su primogénito nuestro señor”. Hemos de recordar que el malogrado Príncipe D. Juan había muerto el 6 de octubre del año anterior. Y Colón que tenía a sus hijos de pajes del Príncipe perfectamente sabía que había muerto, por lo que no le podía suplicar como reza en ese documento.

 

Pensemos que al quedar vacante ese mayorazgo a los ochenta años después de muerto Colón, surgieron muchos que lo requirieron, como un tal Baltasar Colombo que vino a reclamar al Consejo de Indias la herencia vacante del mayorazgo de los Colones, pero tal demanda fue desechada por falta de pruebas que acreditasen el entronque de

linaje de estos Colombos genoveses con el descubridor de América. En la Reccolta Colombiana vemos que se encontró una partida de bautismo en la parroquia de Santo Stéfano, situada a las afueras de Génova, a nombre de un tal Cristóforo Colombo, el cual nació a finales de 1451, hijo de Doménico Colombo y Susana Fontanarossa. Doménico vivía en Génova y fue guardián de la Porta dell´Olivella hasta febrero de 1470, en que se trasladan a Savona con su hijo Cristóforo, donde trabajaron en el oficio de tejedores de paños.

 

Aunque la hipótesis de que Colón era de Génova es la más extendida y aceptada, es la menos verosímil. El origen humilde que se les atribuye a sus progenitores, artesanos de un taller de lana, hace difícil de entender que Cristóbal Colón tuviera una educación y una cultura, impropia de un menestral. Hablaba perfectamente la lengua castellana, sabía latín y lo que es más importante, no desentonaba en las Cortes de Portugal y de Castilla. Su aprendizaje en Génova hubiera sido rudimentario y es dudoso que hubiera aprendido algo más que leer y escribir. Y en este caso hubiera aprendido ginovés o italiano. Las cartas que se escriben los hermanos Colón son íntegramente en castellano. Es más, las cartas que escribe Colón al embajador genovés de Castilla y a la banca de San Jorge (de Génova) o de este banco a Colón están escritas en castellano. Y cuando uno escribe cosas íntimas, como son las anotaciones en el margen de los libros, tan usual en Colón, lo hace en la lengua materna, que no es otra que el castellano. No se ha encontrado ningún escrito de Colón ni en genovés, ni en portugués. El latín de Colón era hispano. Muchas de sus expresiones son catalanismos, como fugeron, meitat, fusta, vegadas, tonina, Margalida. Cuando firmaba ponía Almirant. Menéndez Pidal establece que la lengua de Colón no era sefardí, sino un castellano plagado de catalanismos.

 

A poco que se conozca la organización social del siglo XV, con la diferencia de clases que había, se comprenderá que un aventurero genovés, hijo de un tejedor tabernero, jamás se hubiera podido casar con la aristócrata Felipa Móniz de Perestrello, emparentada con la Casa real de Braganza. Además para que ella pudiese casarse necesitaba la autorización del maestre de la Orden Militar de Santiago, que era el príncipe Juan. Cuando Colón exige en las Capitulaciones de Santa Fe el título de Almirante alega que no sería el primero en su familia. Por otra parte, ¿cómo pudo pedir privilegios solo reservados a la nobleza? El título Don se otorgaba en aquella época a contadas personas. Lo usaban los reyes, los miembros de su familia y nobles de elevado rango. A Colón se le concedió el título de Don en abril de 1492. ¿Por qué antes del primer viaje los reyes le conceden tal dignidad a un plebeyo genovés?

 

Si Colón era genovés, ¿por qué ofreció su proyecto de viaje a Portugal, a Inglaterra, a Francia y a Castilla y no lo ofreció a la república de Génova, que era la que contaba con las flotas más importantes de aquella época? Tampoco es normal que se desentendiera totalmente de su familia y de Génova. Solo tenía relación con su hermano Bartolomé que se ganaba la vida como cartógrafo y librero en Lisboa. No puso el nombre de Génova a ninguna isla, ni siquiera a algún bajío, escollo, arrecife o atolón caribeño.

Vemos posible la documentada tesis de que Cristóbal Colón nació en 1460 en Fenelitx (Mallorca), hijo natural de D. Carlos, príncipe de Viana (hermanastro del rey Fernando el Católico) y de Margarida. Fue bautizado como Juan, pero por su mesianismo se hacía llamar y firmaba Cristoferens= portador de Cristo. Por razones políticas dos hermanos de Margarida se exilaron: Cristóbal Colón el Viejo a la Provenza y Guillermo Casanove a la Gascuña. El primero llegó a ser dueño de tres navíos y al servicio del duque de Anjou atacó los navíos y las costas de la Corona de Aragón. Cristóbal Colón se hizo marinero con él. Esto explica el misterioso silencio de que se rodeó Colón al venir a Castilla.

 

Su otro tío el corsario Guillermo de Casanove, conocido con el apodo de Coullon, llegó a ser dueño de las aguas del golfo de Vizcaya y el rey francés Luis XI le concedió el título de Almirante. Todo esto hace posible que las piezas del puzle vayan encajando, que Bartolomé Colón viviera hospedado aproximadamente un año en el palacio real de París y que Cristóbal Colón fuera acogido más de un año en la palacio que en el Puerto de Santamaría tenía el duque de Medinaceli, que estaba casado con Ana de Navarra y Aragón, otra hija natural del príncipe de Viana.

 

Esta hipótesis de que Colón es hijo de D. Carlos, el príncipe de Viana, categóricamente se podría confirmar cotejando el ADN a los cadáveres. El de Colón se encuentra en la catedral de Sevilla y el del Príncipe de Viana en el monasterio de Poblet. Pero habría que certificar si los cadáveres que hay en esas tumbas corresponden a Colón y al Príncipe de Viana. Cristóbal Colón murió en 1506 y fue enterrado en Valladolid. En 1509 se le dio sepultura en la Cartuja de Sevilla. Como Colón había dicho en su testamento que fuera enterrado en las tierras descubiertas, María de Rojas Toledo, viuda de Diego Colón, embarcó los huesos de su esposo y los de su suegro para ser sepultados en la catedral de Santo Domingo. Allí permaneció hasta que, en 1795, fecha en la que España perdió en guerra contra Francia la isla Española, donde está Santo Domingo, por lo que a toda prisa fueron exhumados los restos del navegante para trasladarlos a Cuba, pero en 1898, con motivo de la invasión estadounidense se trajeron los restos a la catedral de Sevilla. ¿Quién puede afirmar que en los traslados no fueran confundidas las tumbas o que los restos de Colón no sufrieran la “necrofilia histórica”?

 

En el preámbulo de las Capitulaciones de Santa Fe, el contrato que firman los Reyes Católicos y Cristóbal Colón, hay una afirmación sorprendente: “Las cosas suplicadas e que vuestras altezas dan e otorgan a don Christoval en alguna satisfacción de lo que ha descubierto en los mares océanas y del viage que agora con la ayuda de dios ha de facer en servicio de vuestras altezas…”.

 

O sea, se patrocina un viaje a un lugar ya descubierto en la mar océano. Colón daba por sentado que iba a encontrar tierra después de navegar setecientas cincuenta leguas en el plazo de un mes. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo estaba tan seguro? ¿Había hecho un viaje previo a esas tierras o alguien se lo había dicho? Si Colón hubiera estado previamente en las tierras que después da por descubiertas, sería un secreto a voces, pues habría muchos más que también habrían estado en esas tierras incógnitas del otro lado del Mar Tenebroso, ya que en aquella época no era posible la navegación en solitario. Es más lógico pensar que Colón estuviera en contacto con algún naufrago que venía de aquellas tierras.

Los vientos alisios, que constantemente soplan desde el este, son interrumpidos, a veces, por grandes huracanes que se generan sobre el Sahara y ganan potencia cruzando el Atlántico hacia el Caribe. Si uno de estos huracanes atrapa alguna embarcación inexorablemente la arrastra hacia el oeste hasta las islas que circundan el mar Caribe o el golfo de Méjico. En su segundo viaje Colón encontró en América los restos de una nave europea que pudo haber sufrido esa trágica suerte. Y también observaron que entre los niños nativos había algunos con rasgos europeos, la tez blanca, ojos azules, aunque en aquel momento no se dio excesiva importancia a este hecho.

 

Es posible que algún barco de los que iban a Guinea y en la denominada “Volta da Mina” sufriera semejantes huracanes, pero sobrevivieran y pasaran varios meses explorando y trazando mapas de las islas del Caribe y en el viaje de regreso un fuerte temporal los dejara maltrechos y unos pocos alcanzaran tierra en un estado precario a causa de la sífilis que contrajeran en tierras americanas. Martín Alonso Pinzón, por ejemplo, regresó muy tocado de la sífilis y, superando una terrible tormenta a la altura de las Azores que arrastró a la Pinta al puerto de Bayona, muere al poco de arribar a Palos.

 

No es descabellado pensar que, cuando Cristóbal Colón se fue a vivir con su recién esposa a Porto Santo, arribaran unos náufragos y antes de morir le explicaran, no solo la existencia de unas tierras desconocidas, sino también la ruta y los vientos para llegar a ellas y la distancia. Colón tomó aquellas tierras como los aledaños de la India, la China y el Cipango, que tanto había ponderado Marco Polo. Y concibió la idea de restaurar el interesante comercio que Europa había tenido con aquellas legendarias tierras y que los turcos al apoderarse del imperio bizantino habían cercenado. El negocio sería redondo.

 

El propio Bartolomé de las Casas habla del prenauta en su obra Historia de las Indias, Otro historiador, Gómez Suárez de Figueroa, llamado el Inca Garcilaso de la Vega, quien se lo oyó contar a su padre, servidor de los Reyes Católicos en el capítulo III de sus Comentarios reales dice que el prenauta se llamaba Alonso Sánchez de Huelva, natural de la villa de Huelva. También este mismo hecho es mencionado en la obra “Historia general de las Indias del cronista Francisco López de Gómara. La historia del prenauta Alonso Sánchez de Huelva fue debatida durante siglos, que por no alargarme lo omito.

 

Si Colón iba a las Indias, la China y el Cipango (Japón), ¿cómo es que llevó en el primer viaje cascabeles, cuentas de vidrio, espejitos, telas de diferentes colores…¿Acaso pretendía impresionar al Gran Kan de la China o a los poderosos señores de Cipango con esas baratijas? No creemos a Colón tan ingenuo como para exigir ser virrey de las tierras descubiertas si pensaba que eran la China con sus grandes ejércitos y un cuerpo de guardaespaldas de doce mil hombres, como sabía por Marco Polo. ¿Cómo se atrevió a tomar posesión de unas tierras que bien sabía que tenían reyes y, además, muy poderosos? Alguien hubo de decirle con el tipo de población que habría de encontrarse.

 

Cuando navegaban a lo largo de la costa de Santo Domingo vieron en el punto más septentrional de la isla un alto promontorio unido a tierra por un istmo bajo, Colón dio a entender conocerlo, a pesar de ser la primera vez que pasaban por allí, y dijo que era Monte Cristo, un punto de referencia de las minas de Cibao. Alguien hubo de explicar a Colón que esa señal geográfica indicaba la posición de la zona rica en oro.

 

Colón en su primer viaje llevó un rumbo prefijado que lo llevaba oculto. Tan disimulado que no lo reflejó en su cuaderno de abordo para que nadie le arrebatara el secreto de su proyecto. Hasta ahora para explicar el proyecto de Colón la mayor parte de los historiadores se han basado en el Diario de a bordo que escribiera en su primer viaje. Sin embargo, aunque demostrada la autenticidad de este documento, no es suficiente. Estudiantes de Náutica de la universidad de Cádiz dirigidos por el Dr. Coín repitiendo el primer viaje de Colón han demostrado que el Diario de Colón no concuerda con la ruta que en realidad siguieron. Y es que Colón se hubo de guiar con un mapa secreto. Desde las Canarias Colón no llevó rumbo oeste, aunque lo explique en su Diario.

 

Colón comenta en su cuaderno de bitácora que los marinos, al echarse un balde agua del mar para refrescarse del achicharrante calor, aseguraban que era más fría y menos salada de cuando lo hacían a la altura de las Canarias. Y es que paralela a la costa africana, y entre las Canarias y las islas de Cabo Verde, hay una extensa zona donde aflora un agua más fría y menos salada procedente de la corriente que se origina en la Antártida. Esa mezcla de aguas origina ricos bancos de pesca, abundando los delfines y los atunes. Precisamente Colón anota en su diario la captura de una tonina (atún) Si Colón hubiera navegado al oeste de las Canarias, como señala en su diario, no hubiera podido observar este fenómeno. Al oeste de Canarias esa zona de pesca es inexistente. Colón vira hacia el oeste cuando coge los vientos alisios a la altura de las islas de Cabo Verde.

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