La doble muerte de Colom.

Aprovechando el aniversario de la muerte de Cristóbal Colom el 20 de Mayo del 1506, le dedicamos este artículo.

 

 

 

Artículo:

 

      Terminada la última expedición (la cuarta), la enfermedad mandaba en el cuerpo roto de Colom, costándole un triunfo llegar de Sanlúcar a Sevilla, donde permanece postrado en la cama seis larguísimos meses, que, junto al peor tiempo que se recordaba, le impide llegar a la Corte, que se encontraba en Valladolid, para recuperar prestigio y derechos. Aunque no alberga muchas esperanzas, pues le comunican la triste noticia de que había muerto su valedera, la reina Isabel. Los amigos de Colom tramitan ante el cabildo de la catedral de Sevilla la posibilidad de usar las andas que habían servido para llevar el cadáver del cardenal Diego de Mendoza para ser enterrado en la catedral, porque trasladarse a caballo, como le corresponde por su condición nobiliaria, le era imposible. El Rey Católico le concede licencia para que pueda ir a lomos de una mula “ensillada y enfrenada”, por tener el cuerpo inflamado desde el pecho hasta los pies (en el Real Archivo de Simancas, libros de cámara, se encuentra la cédula concediendo a D. Cristóbal Colón licencia para andar en mula ensillada y enfrenada por cualquier parte de estos reinos)


    Cuando remiten algo su enfermedad y el mal tiempo marcha a Valladolid y se puede entrevistar con el rey Fernando a finales de mayo de 1505. El Almirante vio indicios de que el rey no iría a cumplir lo pactado en las Capitulaciones de Santa Fe. Fernando el Católico no podía permitir la aparición de una fuerte nobleza en las Indias con grandes prerrogativas legales, además de un inmenso poder económico. Si los privilegios donados a Colom podían resultar comprensibles cuando se otorgaron (se pensaba que serían unos islotes de poca monta), una década después, cuando se vio que eran unos inmensos territorios, representaban unas concesiones señoriales completamente anacrónicas dentro de la concepción política del Renacimiento.


    Con el espíritu hundido por la frustración y minado por la enfermedad, cuando Colom prevé llegar el final de sus días, aprovecha para unificar la escritura de mayorazgo que hizo en 1502 con el testamento que otorga el 25 de agosto de 1505. Y el 20 de mayo de 1506, hace exactamente 514 años, muere Cristóbal Colom en Valladolid por un fallo cardiaco debido a un decaimiento orgánico. No murió de viejo como algunos aseguran, aunque daba aspecto senil. Contaba 46 años de edad. Su hijo Hernando ya lo dice: “el cabello rubio al llegar a los treinta años se le había vuelto canoso”. Fue la enfermedad de Reiter la que acabó con él. Ya le había dejado inválido durante cinco meses  en el segundo viaje, como señalan Hernando Colom y Bartolomé de las Casas. La enfermedad de Reiter le provocaba fiebre alta, diarrea sanguinolenta, uretritis y conjuntivitis. Y después de cada brote quedaba muy tullido de las piernas.


    La muerte de Don Cristóbal Colom no fue noticia en la ciudad vallisoletana, ni entre sus habitantes, ni entre los cronistas de la villa, por lo que no aparece en las actas del concejo. En este hecho de que el Almirante de la Mar Océano no sea noticia ni en Valladolid, ni en ninguna parte, vemos la mano del Rey Católico.


    Pero mucho antes de la muerte física de Cristóbal Colom ya se le había matado su identidad. A Fernando el Católico le interesaba ocultar la genealogía de Cristóbal Colom, porque tenía miedo de que, si se hacía público que era hijo de su hermanastro D. Carlos, el Príncipe de Viana, se podría desencadenar en Cataluña otra rebelión como la que sufrió su padre, el rey Juan II, tras la oscura muerte del heredero a la Corona de Aragón. Ahora se comprende que, ante las quejas que llegaron a la corte, los RR.CC. enviaran a la isla La Española al juez Bobadilla para saber lo que pasaba, aunque lo de darle plenos poderes hasta el punto de apresar a Colom y a sus hermanos fue decisión unilateral del rey. Y aunque los Reyes Católicos, principalmente la reina, rehabilitan a Colom en la plenitud de sus derechos y honores tras el encadenamiento de que fue objeto por parte de Bobadilla, su fama y su estado de ánimo empiezan a decaer. Ya es un hombre destrozado que envejece prematuramente.


    Fernando el Católico instó a los cronistas Pedro Mártir de Anglería y al cura de los Palacios Andrés Bernáldez que difundieran la idea de que Colom fuese italiano. El divulgador más famoso del descubrimiento, Pedro Mártir de Anglería, fue el primero en lanzar la leyenda de que Colom era ligur. Es irónico que esa leyenda de que Colom era genovés no naciera en Italia, sino en España y, concretamente, en Barcelona, puesto que la primera vez que Pedro Mártir de Anglería afirma que Colom era ligur es en una carta escrita a Juan Borromeo desde Barcelona el 14 de mayo de 1493 en donde dice, traducido al castellano del latín: “Hace pocos días volvió de las antípodas occidentales cierto Colón, de Liguria, quien a duras penas consiguió de mis reyes tres naves, porque creían quiméricas las cosas que decía”. También se expresa en términos parecidos en las cartas dirigidas al conde de Tendilla y a fray Hernando de Talavera, fechadas en Barcelona en septiembre de 1493 donde dice: “Recordáis que Colón es de la Liguria”. Lo que es sustentado por la mayoría de escritores que le han sucedido, como Fernández de Oviedo, Herrera, Navarrete y cuantos historiadores han tratado en España de Cristóbal Colón, al tener a Pedro Mártir de Anglería por una gran autoridad como historiador.


   Aunque, a decir verdad, los cronistas y escritores italianos coetáneos de Cristóbal Colom no lo consideran italiano. Sabellico, Foresti de Bérgamo, Albertino, Carboni, Pireli no aprecian a Colom ni genovés, ni italiano. Paolo Toscanelli y Serpa Pinto lo suponen portugués. Giocomo Troto o el mismo papa Alejandro VI llaman a Cristóbal Colom “dilecto hijo de España”. Por otra parte, ningún documento oficial del reino de Castilla dice que Colom fuera genovés. No es el caso de otros personajes en el reino de Castilla, como los florentinos Berardi o Américo Vespuccio, por ejemplo, que, al ser naturalizados como castellanos, en la carta de naturalización viene citado su lugar de nacimiento. Sin embargo, ni Cristóbal Colom, ni su hermano Bartomeu Colom, también extranjeros en Castilla, se naturalizaron. El primero no lo necesitaba al ser miembro, como los Reyes Católicos, de la Casa de Trastámara. Y Bartomeu, que fue Adelantado y Gobernador general de las Indias en ausencia de su hermano, tampoco tuvo necesidad de naturalizarse castellano porque en las Capitulaciones de Santa Fe, al ser nombrado Cristóbal Colom virrey tenía la potestad de “que paral regimiento e qualquiere dellas, faga el election de tres personas para cada oficio, e que vuestras altezas tomen y scojan uno el que fuere su seruicio…”. Aunque el 26 de mayo de 1493 los RR.CC. conceden a Colom: “Por cuanto por la brevedad de vuestra partida no hay lugar a que pongáis tres para cada oficio de gobernación, según con vos se asentó, vos damos poder que nombréis a quien os pareciere y por el tiempo que quisieres…” Sin embargo, el hermano menor de los Colom, Diego, sí se tuvo que naturalizar para ser obispo de una diócesis castellana, aunque no se especifica su lugar de procedencia, mientras que este requisito está presente en todas las cartas de naturalización. Fue una imposición del rey al escribano para que no se descubriera el lugar de nacimiento de los Colom.


   Fernando el Católico empezó a caer en la cuenta del peligro que le podría suponer Cristóbal Colom cuando se organizó el segundo viaje, al ver que el Almirante se rodea de una especie de corte con una guardia personal de más de cincuenta asistentes y se comporta como casi un rey de la India. Ahí está la clave del silencio oficial de los estamentos públicos, tan explícitos de dar razón de otros acontecimientos menores, sobre la arribada de Colom a Barcelona para dar la noticia a los reyes del descubrimiento de tierra hecho en la otra orilla del Mar Tenebroso. No hay constancia en ninguna crónica barcelonesa, ni en el  Registro de Deliberaciones del Consejo de Ciento, ni en el Libro del Ceremonial, ni en el Diario de la Diputación. Todos estos organismos estaban sometidos a las órdenes del rey, lo que explica que dicho silencio se guardó por orden expresa del monarca. Por eso no se especifica donde fue recibido Colom por los reyes. Se especula cuando se dice que Isabel y Fernando, que habían ido a Barcelona para negociar con los embajadores del rey de Francia Carlos VIII la devolución del Rosellón y la Cerdaña, recibieron a Colom a su regreso de su primer viaje en el Palau Major de Barcelona, residencia de los reyes de la Corona de Aragón, porque los RR.CC. no vivían en dicho palacio en ese momento. Los Reyes Católicos se instalaron en el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra para que el rey Fernando  fuera atendido por los monjes de dicho monasterio de las graves heridas que recibió tras el alevoso atentado de que fue objeto. Y el encuentro de Colom y su comitiva con el rey, la reina y toda la corte, encabezada por el príncipe Juan, tuvo lugar en el refectorio del monasterio bajo estrictas medidas de seguridad.


   También el mismo Colom contribuyó a mantener borrosa su identidad al no ser muy explícito sobre su vida y andanzas anteriores a su llegada a Castilla. No le convenía airear su pasado de corsario. Hemos de comprender  que su pasado corsario contra los intereses de Juan II, padre de Fernando el Católico, no era para ir vanagloriándose de ello en la corte de los Reyes Católicos. Colom había actuado como corsario del duque Anjou y después corsario del rey de Francia, el que había peleado a favor de la Beltraneja. Si los Reyes Católicos hubieran sabido de sus luchas en contra de sus intereses,  no solamente no le hubieran atendido, sino que con toda seguridad lo hubieran procesado y ejecutado.

 
   De todas formas, aunque no supieran todos los pormenores de su vida, los Reyes Católicos debían saber perfectamente de quien era hijo y donde era nacido. No se explicaría que en 1486 fuera integrado en la corte de los Reyes Católicos y recibiera periódicamente subvenciones para que pudiera llevar una vida digna, en un momento de muchos gastos por culpa de la guerra de Granada. Cuando el duque de Medinaceli, uno de los personajes más poderosos de Andalucía, acogió a Colom durante dos años en su palacio del Puerto de Santa María, es porque sabía que era su cuñado, hermano de su difunta esposa Ana de Navarra y Aragón, también hija natural del Príncipe de Viana. Normalmente los nobles no eran tan dadivosos, a no ser que hubiera una buena razón.


   Cuando Pedro Mártir de Anglería le confesó al marqués de Borromeo que Colom era de Mallorca era porque el Almirante se lo había comunicado. Como leemos en el artículo del ABC del 21 de agosto de 1931 el director de la Biblioteca Universitaria de Barcelona, Manuel Rubio Borrás, recibió de un bibliógrafo de Milán, amigo suyo, un documento que había encontrado en las guardas de un libro de la biblioteca del  conde y marqués de Borromeo. Los estudios paleográficos demostraron que por los puntizones, corondeles y la filigrana de ese documento corresponden a finales del siglo XV y hasta bien entrado el siglo XVI. La letra es cursiva, la usada en Italia en esa época, pero la angulosidad de las letras corresponden a la región bresciana, según la clasificación del paleógrafo Fumagalli. Resulta de una gran identidad con escritos existentes en los archivos de Turín y Roma de la época. Pero el concepto moral de esta escritura es de un gran valor, ya que contiene una declaración secreta hecha al conde y marqués de Anglería, D. Juan Borromeo, por el historiador Pedro Mártir de Anglería. La alta religiosidad que caracteriza a la noble casa de los Borromeo movió al conde D. Juan a no llevar consigo a la tumba el secreto relativo al nacimiento de Cristóbal Colom. Por esta razón lo dejó estampado en este documento. La traducción castellana de este documento es:


  “Yo, Juan Borromeo, habiéndome quitado (prohibido) manifestar la verdad, secretamente conocida por medio del señor Pedro de Anglería, tesorero del Rey Católico de España, y como debo asimismo igualmente, quiero tener perpetua memoria confiando a la historia ser Colonus Cristopherens ser de Mallorca y no de la Liguria. El dicho Pedro de Angheria estimó que fuese ocultada la astucia usada por Juan Colom, porque, con ocasión de política y religión, lo habían aconsejado fingirse Cristopherens Colón para pedir la ayuda de las naves del rey de España. Y diré todavía ser Colón equivalente a Colombo por lo que habiéndose descubierto que vive en Génova un tal Cristopherens Colombo Canajosa, hijo de Domingo y de Susana Fontanarrosa, no se debe confundir con el navegante de las Indias Occidentales. En Bérgamo, en diciembre de 1494”.      

 
Como resultado de la poderosa intervención del duque de Alba, Fernando el Católico, regente de la corona de Castilla, accede a que Diego Colom, el hijo y heredero de Cristóbal Colom, sea nombrado, además de Almirante, gobernador (y no virrey) de las Indias, pero solo “el tiempo que mi merced e voluntad fuere”. Le da el mismo poder y el mismo salario que tenía el comendador Bobadilla. Diego Colom opina que ese cargo le corresponde a perpetuidad e inicia un pleito con la Corona. Entre la Casa de Contratación que se había creado en Sevilla en 1503, la Audiencia que se creó en las Indias en 1509 que había de entender de la Administración de Justicia y el nombramiento del Tesorero General de Indias, significaron un extraordinario recorte de la autoridad del gobernador, a tal extremo que Diego Colom viene en 1514 a España a justificarse, pero Fernando el Católico sigue empeñado en limitar la acción del hijo y sucesor de Cristóbal Colom. En 1524 las complicaciones llegan a tal extremo que el emperador Carlos I depone de sus cargos a Diego Colom acusado de mala administración, Interpone demanda pero en 1526 muere, continuando el litigio su viuda, doña María de Toledo, sobrina del duque de Alba. Estos pleitos entre la familia Colom y la Corona terminan en 1536 mediante el laudo arbitral dado en Valladolid por fray García de Loaisa, donde Luis Colom (el hijo de Diego Colom) donde perdía las rentas de las Indias, los títulos de virrey y el derecho a nombrar los cargos en el Nuevo Mundo. En compensación recibiría una renta anual de 10.000 ducados, el señorío de la isla de Jamaica y los títulos de duque de Veragua y Almirante de las Indias. Y el fallecimiento en 1576 sin descendencia masculina de Luis Colom causa nuevos procesos judiciales entre los distintos familiares colaterales que duran treinta años. 


  Todos estos procesos hacen que la reputación y popularidad de Cristóbal Colom se menoscaben. En cambio los escritos de Américo Vespuccio hablando de un sugerente cuarto continente, se reparten por las cortes y universidades europeas eclipsando las cartas de Colom. La gloria de su descubrimiento declina y su nombre deja de asociarse al Nuevo Mundo. Y en el mapamundi que se elabora en el monasterio de Saint-Die se bautizan las tierras descubiertas con el nombre de América. Florencia se dio prisa en aceptar esa nueva denominación, que les enorgullece porque Américo era florentino. Toda Italia siguió el ejemplo. Y la prensa protestante de Alemania multiplica a porfía esta usurpación. No hubo reclamación porque no se tenía conciencia de esta enorme profanación. Colom cayó en el olvido por interés de la monarquía hispana, que veía difícil poder cumplir las obligaciones contraídas con el descubridor. Colom no recibió en la España de los Austrias nada más que desprecios y docenas de litigios.


  Tras varias centurias de olvido, la figura de Cristóbal Colom resurge con fuerza. Su reconocimiento internacional nace con la independencia de los EE.UU. Los norteamericanos fueron los principales valederos de su estudio y conmemoración. O sea, a finales del siglo XVIII y siglo XIX se ensalza la figura de Cristóbal Colom coincidiendo con la época del imperialismo y el esplendor historicista con pléyade de mitos y héroes. La acuñación romántica recrea un Colón heroico y caballeresco. Los errores y las inexactitudes históricas se multiplican en aras de agradar y sorprender. Se sugiere, incluso, su canonización, pues diversos círculos se esforzaron en lograr la beatificación y santificación a quien descubriendo el Nuevo Mundo había ganado para el catolicismo a millones de almas. Obeliscos, retratos, estatuas, esculturas…son muchos los homenajes que han rendido al Almirante para recordar que el 12 de octubre de 1492 llegó a América. Hoy hay más de 500 monumentos dedicados al descubridor de América.


   Génova reclama sus derechos identificando a Cristóforo Colombo con Cristóbal Colom y la Academia de Ciencias, Literatura y Bellas Artes de Génova nombra una comisión con el encargo de averiguar lo que había de cierto en lo concerniente a la patria del Almirante. Y Cristóforo Colombo es tomado como el misionero del progreso, que plantó el primero en el Nuevo Mundo la cruz, símbolo inmortal de civilización de los pueblos. Coincidiendo con el proceso de unificación de Italia los investigadores italianos sitúan a Colom en la cabecera de los mitos patrios y compilan abundante documentación sobre su nacimiento en Génova y explican al mundo que Italia tuvo un papel importante en el descubrimiento de América, pues un italiano, Américo Vespuccio, dio el nombre al Nuevo Mundo y otro, Cristóforo Colombo, fue su descubridor.


   La primera gran celebración del descubrimiento de América se hace en el cuarto centenario, 1892, donde Colom es presentado como el explorador audaz. Tuvo un carácter conmemorativo, estruendoso, brillante y unánime en ambos continentes. Pero desde el punto de vista histórico se limitó a la exaltación del principal protagonista, Cristóbal Colom, con rasgos de auténtico paroxismo. Se centra en el homenaje al Colombo italiano. Prima la italianidad de Colom y apenas se menciona a los Reyes Católicos o el reino de Castilla o de España. El Columbus Day que se celebran los 12 de octubre en Nueva York es una evidente manipulación histórica que concede todo el protagonismo a Italia. El made in Italy domina la idea de Colom y en el imaginario de la mayoría de estadounidenses. Todos los 12 de octubre se celebra un apoteósico desfile en honor a Colón por la Quinta Avenida de Nueva York y no hay ni la más mínima mención a España que fue la que patrocinó el viaje.


   El reencuentro entre la Corona española y Colom se vio en los esponsales de Alfonso XII con María de las Mercedes de Orleans, en que la nobleza española obsequia a los consortes una estatua del Almirante, obra de Arturo Mélida y que fue instalada en el Paseo de la Castellana. En 1913 se elige el 12 de octubre para conmemorar y valorar el patrimonio cultural hispanoamericano. Rodríguez Sampedro lo denominó Día de la Raza. Después Ramiro de Maeztu acordó llamarlo Día de la Hispanidad. Y se transforma en fiesta nacional por ley de Alfonso XIII del 15 de junio de 1918. Últimamente la plaza donde está ubicada la estatua de Colom es utilizada por las derechas españolas para sus encuentros y mítines. De esta manera la figura del descubridor ha llegado a ser asociada a lo que se ha denominado “el trío de Colón” (Partido Popular, Ciudadanos y Vox) Y es que el olvidado e ignorado litigante de los Austria se convierte en el símbolo del hispanismo de los Borbones y del franquismo. El culto a lo hispánico fue la piedra angular de la construcción de un imaginario nacionalista al servicio del franquismo, que se prolonga durante la Dictadura e impregna al Partido Popular.


Pedro Cuesta Escudero
Autor de Mallorca, patria de Colom.

 

 

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