Quinto Centenario de la Primera Vuelta al Mundo. (1ª Parte)





1ª Entrega:


Con motivo del Quinto Centenario de la Primera Vuelta al Mundo están proliferando los artículos y comentarios de prensa. Muchos de ellos con muchas dosis de partidismo y poco rigor histórico.


Ya había empezado con una rivalidad un tanto absurda entre Sevilla, que se llevó todos los galardones del evento celebrado en el V Centenario del Descubrimiento de América y Sanlúcar de Barrameda que alega que en esta ciudad fue donde se completó la vuelta al mundo.


Otra polémica, también paradójica, es quién se lleva la gloria, España o Portugal. En el contexto de la época sería entre los reinos de Castilla y Portugal, porque la palabra España se refería a toda la península. Los portugueses eran tan españoles como los castellanos o los catalanes. “Castellanos y portugueses, porque españoles lo somos todos”, decía Camoens. “Car nos ho fem la primera cosa per Deu, la segona per salvar Espanya” leemos en el Llibre dels fets del rei en Jaume”. Napolitanos, florentinos, venecianos, romanos… que, aunque pertenecían a entidades políticas independientes entre ellos, todos se sentían y se llamaban italianos. En 1668, como se sabe, es cuando los portugueses dejaron de llamarse españoles al alcanzar la independencia del reino de España.


Durante el devenir de la Humanidad distintos espacios del planeta permanecieron aislados unos de otros a causa de grandes barreras como los océanos, desiertos y otros graves obstáculos. Dieron lugar al desarrollo de culturas y civilizaciones de trayectorias paralelas, que se ignoraban entre sí, hasta que Colón, Vasco de Gama y la primera vuelta al mundo pusieron en contacto los distintos territorios, iniciándose influencias mutuas y la dependencia e interconexión de esas diferentes culturas. Sólo por ello son de suma importancia para la Historia universal los viajes que proyectaron Colón, Vasco de Gama y Magallanes, porque se abrieron nuevos horizontes en la actividad industrial de los hombres, se ensanchó el campo de las investigaciones y de los estudios y contribuyó más que cualquier otra causa a los grandes progresos que se han realizado en los últimos siglos en todas las ramas de los conocimientos humanos.

La pregunta que nos hacemos es por qué la iniciativa de poner en contacto esos distintos espacios surgió de los pueblos ibéricos. Ni esos pueblos ibéricos, ni todo el conjunto de la Europa occidental eran los más adelantados culturalmente, ni mucho menos. Había otras civilizaciones más avanzadas desde todos los puntos de vista, pero de ninguna de ellas surgió la decisión de descubrir más allá de sus horizontes. Esto nos debe hacer reflexionar, en vez de discutir si son galgos o podencos.


Hemos de tener en cuenta que los grandes descubrimientos del siglo XVI no fue producto de una improvisación. Podríamos decir que tuvo su arranque en el año 1212, cuando la batalla de las Navas de Tolosa en que los reinos cristianos de la península Ibérica derrotan estrepitosamente a los almohades, quedando debilitada la España musulmana que se atomiza en pequeños reinos de taifas. Sin embargo, los reinos cristianos que habían iniciado la Reconquista se habían ido fortaleciendo uniéndose unos con otros. Así, a principios del siglo XIII, estaban el reino de Castilla (Castilla, León, Asturias y Galicia), el reino de Portugal, el reino de Navarra y la Corona de Aragón (Aragón y Cataluña). Con sendos tratados esos reinos se repartieron la España musulmana que habían de conquistar.


Tanto la Corona de Aragón como Portugal no tardan en conquistar la zona de España que les correspondió. La Corona de Aragón, al adueñarse de las Baleares, que era un nido de piratas, encuentra los medios para expandirse por el Mediterráneo. Sus habitantes, principalmente de Mallorca, que se habían desarrollado en un ambiente multicultural, fueron grandes navegantes y cartógrafos. Los reyes de la Corona de Aragón propician en Mallorca esa actividad cartográfica, con el judío Cresques Abraham (1325-1387) al frente, que proporciona los conocimientos técnicos a la poderosa flota que se construye en las Atarazanas de Barcelona, con la que emprendieron una ambiciosa política expansiva por el Mediterráneo. Se habla de la escuela cartográfica mallorquina, pero es la expresión acuñada por los historiadores para referirse al grupo de cartógrafos y fabricantes de instrumentos de navegación que floreció en Mallorca en los siglos XIII, XIV y XV. La mayoría de los cartógrafos mallorquines también trabajaban como fabricantes de instrumentos náuticos. Es decir, además de recoger datos de pilotos y viajeros para elaborar las cartas de navegar, eran también bruixoles (constructores de brújulas) De los talleres salían mapas seriados que iban acompañados de brújulas, compases, relojes de arena, astrolabios, portulanos. Tenían la finalidad de facilitar la orientación en la navegación marítima. Se fomenta el intercambio y la actualización de informaciones proporcionadas por los marineros y mercaderes. Este fenómeno de la interrelación y traspaso de conocimientos no atañe exclusivamente a la cartografía, sino también a la construcción naval.


En 1346 Jaume Ferrer partió “per anar al riu de l’Or”. Parece que pasó el cabo Bojador y puede que llegara incluso a las costas del Senegal. Un año más tarde, los mallorquines Francesc Desvalers y Domènec Gual llegaron también a las islas Canarias, lo que hizo que comerciantes y gente de mar mallorquines encabezaran el intento que la Corona de Aragón se apoderara de esas islas que los romanos habían bautizado de Afortunadas.


Tanto Cristóbal Colom como su hermano Bartolomé, estudiaron en estas escuelas cartográficas y aprendieron desde bien pequeños el arte de la navegación. Los tíos de Colom, que tuvieron que exilarse de Mallorca por cuestiones políticas y sociales, se convirtieron en poderosos corsarios, uno, Colom el Mozo que se puso al servicio del duque de Anjou y con base en Montpelier. Y el otro, Guillermo de Casanove, alias Coulon, llegó a ser dueño de las aguas de Gascuña. Había empezado sus correrías de corsario en Normandía atacando cuantas naves encontraba en su travesía para apoderarse de sus riquezas y, gracias a sus afortunadas expediciones, le habían permitido reunir, junto con vascos, gascones, ingleses y alemanes una gruesa armada y ostentar el título de almirante del rey de Francia.


Portugal también termina pronto la reconquista de la parte que le correspondió. Y su afán conquistador lo enfocó saltando al norte de África para hacerse con más tierras. Pero, como para ir a Marruecos había que navegar un trozo de océano, se vieron los portugueses en la necesidad de mejorar los navíos y los sistemas de navegación. Por ello, el príncipe luso Enrique el Navegante creó la Escuela Náutica de Sagres. Los mallorquines fueron los que pusieron en marcha esa escuela. Su primer director fue Jacome de Mallorca. En esta escuela se ensayaron nuevos navíos, nuevos instrumentos de navegación, nuevas técnicas de navegación y se formaron nuevos pilotos y nuevos capitanes. En el archivo, que después fue trasladado a Lisboa, se empezó a guardar los libros y tratados más documentados de Astronomía, Cosmografía, Geografía y cuantos se relacionan con la navegación. Se incorporaron en todos los barcos brújulas y astrolabios. Ensayando las nuevas técnicas de navegación redescubrieron las islas Azores, las islas Madeira, las islas de Cabo Verde y las Canarias. Este último archipiélago, tras el tratado de Alcaçovas, se lo quedó el vecino reino de Castilla que también participa de esos nuevos avances en la navegación.


Fueron los portugueses los que recorriendo la costa africana para llegar a Guinea donde encontrarían las minas de oro que les habían referido los marroquíes, perciben que la costa se orienta hacia el este, lo que les hizo creer que era el final de África y podían poner rumbo a la India. Comprueban, sin embargo, que era un gran golfo (el de Guinea) y que África aún se extendía más hacia el sur. Pero la idea de llegar a la India obsesiona a los monarcas portugueses y, máxime, cuando se verifica que al llegar al ecuador los barcos no hervían, como era una extendida creencia. Pronto se fletó un convoy al mando de Bartolomeu Díaz para examinar el final del continente africano. Y llegó al cabo por donde termina África en 1488.


Cristóbal Colom, como se sabe, partiendo de que la Tierra es redonda, concibió la idea de que navegando por occidente llegaría a la India. El rey Juan II de Portugal declinó su plan y será Castilla la que patrocine su viaje, pero no llegó a las Indias, sino que tropezó con un Mundo Nuevo. Años más tarde Magallanes retomará este mismo plan de llegar a las Indias (en este caso sería a las islas de las especias) por la ruta del sol. Atravesó el Nuevo Mundo, pero en vez de tropezar con otro continente tuvo que traspasar el océano mayor del mundo y que ningún geógrafo lo había señalado en ningún mapa. No entendemos como hay articulistas y directores de largometrajes que pongan en boca de Magallanes que “vamos a dar la vuelta al mundo”. Nadie salió con la idea de dar la vuelta al mundo. Nadie lo hubiera patrocinado. Pero queda más comercial y más chovinista que salieran para dar la vuelta al mundo. Lo mismo que anteponer a Elcano, como en el largometraje de dibujos animados dirigido por Ángel Alonso que lo titula “Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo”, como si Magallanes fuera su ayudante.


Pero el viaje por Occidente tenía el inconveniente de la barrera que suponía el Nuevo Mundo (América), que se extiende de norte a sur impidiendo toda comunicación naval con el mar que descubrió Vasco Núñez de Balboa a las espaldas de la Castilla de Oro. En ese mar del Sur (rebautizado más tarde por Magallanes Océano Pacífico) es donde se debían encontrar las ricas islas de la especería, tan anheladas por los europeos. Fernao de Magalhaes y su socio Ruy Faleiro encontraron en la Tesorería Real de Lisboa, archivo particular del rey Manuel I de Portugal, unos documentos donde se especifica que el paso que conduce al mar del Sur se encuentra a los grados 40 de latitud sur del Nuevo Mundo. Como el rey portugués Manuel I el Afortunado les deniega cualquier tipo de viaje a ultramar, solicitan patrocinio al joven rey de Castilla Carlos I para un viaje a las Molucas (islas de las especias) por la ruta del sol. No tardan en convencerlo y al Consejo de Estado cuando muestran la nota y el mapa extraídos del archivo de la Tesorería Real de Lisboa, el más documentado del mundo, y que, según sus cálculos, las islas de la especería caen dentro de la demarcación que el tratado de Tordesillas asignó a Castilla. Y el 22 de marzo de 1518 se firman en Valladolid las Capitulaciones, el contrato del viaje a las Molucas entre Magallanes y Faleiro y el rey Carlos I.


Tomándolo de este documento muchos historiadores y cronistas han cifrado en doscientos treinta y cuatro (234) los que partieron de Sevilla para el memorable viaje. Sabemos que a Magallanes le costó reclutar a la tripulación por ser un viaje para dos años, pero al final lo consiguió. Y se rebasó esa cifra hasta llegar a doscientos sesenta y cinco (265) contando a la oficialidad (capitanes, pilotos, otros altos cargos y sobresalientes) y sus criados y esclavos. A los que hay que añadir los que se alistaron en Sanlúcar de Barrameda y en Tenerife.


Hablando de cifras, los retenidos en las islas de Cabo Verde fueron trece y arribaron a Sanlúcar de Barrameda y Sevilla dieciocho, más un moluqueño y otro malayo, que la mayoría de los cronistas no los citan.


Magalhaes encuentra en Castilla lo que su patria no le había dado: una importante flota para llevar a cabo sus sueños de llegar a las Molucas y una joven esposa, Beatriz Barbosa. Es por ello que se desnaturaliza de Portugal y castellaniza hasta su apellido. Se quiso inscribir en el acta nupcial con el apellido castellanizado de Magallanes. Y en su testamento pone como condición que los herederos han de apellidarse Magallanes.


Impongo a todos los sucesores la indispensable condición de apellidarse Magallanes, usar las armas o blasón de los Magallanes, y residir y casarse en Castilla”.


Pero Magallanes hubo de hacer frente a un sinfín de obstáculos que condicionaron el viaje: el chantaje de Juan de Aranda, factor de la Casa de la Contratación de Sevilla, los desvaríos de su socio Faleiro, la designación por orden real para que la Corona tuviera razón de cuanto aconteciera y se recaudara, de capitanes, factores, tesoreros, contadores, escribanos y pilotos. Pero el principal problema estaba en el rey Manuel de Portugal, que no veía con buenos ojos que el reino de Castilla, su rival en asuntos de ultramar, se adueñara de las islas de las especias, que era su tesoro más codiciado y que ya casi lo tenía en la punta de la mano.


(Continuará)

Posts destacados
Posts recientes
Buscar por Tags
Síguenos en:
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • Google Classic

​SÍGUEME EN

  • Icono Facebook Classic
  • Icono Twitter Classic
  • Icono Youtube Classic

© 2014 by Albert Cuesta.